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Érase una vez: ¡La Bala Bizca!

Sombrero Vaquero

Un bandolero de profesión titulada y sombrero vaquero de alta calidad cargaba una pesada soga en los finales chamuscados de un antiguo bosque de pinos (probablemente de árboles, no de bolos). La mirada fija (y bizca) en la anomalía natural que le esperaba más adelante, pero que no resaltaba por culpa del ángulo negativo del terreno.

- El cañón “Nogritesnohaynadiecercaparaayudarte”… Perfecto… Y justo el lugar al que tengo que llegar. – Se dijo a si mismo el forajido.

Caminó con sus pesadas botas entre el fango mezclado con ceniza vieja que lo separaba del cañón, que daba un olor a lo menos curioso… ¿A quién intento engañar? Daba asquito… Mientras las águilas trasnochadas lo vigilaban a la luz de la luna menguante y algunas rocas con patas intentaban… Dormir, ¿supongo?

Al llegar al final de la planicie fangosa bajó por el pequeño barranco que precedía a la saliente del cañón, y luego observó su profundidad.

- Tirarse no sería bonito para mi cutis… - Concluyó nuestro vivaz pistolero.

En consecuencia, desenrolló una laaaarga soga que había estado cargando todo el camino solo con este propósito.

No, en serio. La compró en el pueblo más cercano, ¿que serán qué? ¿Quince, veinte kilómetros atrás? ¿No le preocupó su espalda? Incluso el ferretero al que se la compró le preguntó acerca de su desatinada decisión con preocupación:

- Viejo, entiendo que quieras esta soga… Es de alta calidad, por algo la vendo… Pero, esta cosa pesa tanto como un refrigerador pequeño… No creo que sea una gran idea cargarla por la noche, en un bosque lleno de criaturas aterradoras y potencialmente letales, pasear con ella a través de un pantano que huele a… Hueles… Y tener la fortuna de no quedar atrapado en el fango a esas horas, para finalmente desenrollarla al final de la ciénaga (sin que se te caiga al manipularla por el peso que tiene) para poder bajar por el acantilado… ¡Es un descriterio!... A lo menos déjame venderte una carretilla. –

A lo que el pistolero le respondió:

- ¿Quieres mi dinero?… Dame la soga… Y una antena de televisor para mi casa… Por favorcito… -

Pero nos estamos distrayendo.

El pistolero, una vez que llegó al fondo del barranco, gritó de felicidad e hizo tronar su espalda de manera antinatural.

- ¡Viejo! ¡Esa soga pesaba! Ojalá alguien me hubiese advertido de su peso… -

Había bajado por la cuerda como si nada. Las clase de “alpinismo obligatorio” de la secundaria dieron sus frutos otra vez.

Caminó con una linterna por el fondo del barranco y siguió el cause de un pequeño riachuelo que se escurría por toda su longitud (color gris por culpa de residuos derramados en el por una “empresa manufacturera” cercana de posibles pocos escrúpulos ambientales).

Tras mucho caminar, llegó finalmente a su destino: Una fea cantina con fachada de madera vieja.

El bandolero se acercó, y con un chirrido abrió sus puertas de par en par, con una expresión fría y bizca en sus ojos, sorprendiendo a los pobres cerdos que se encontraban dentro del bar…

- ¡Es “La Bala Bizca”! ¡El mejor pistolero del mundo! - Exclamó un cerdo temblando de miedo.

- Se dice que con una sola bala logró podar 50 arboles… - Añadió en susurros un tipo de voz muy grave.

- ¡Corran todos si valoran su vida! - Agregó un tercer cerdo en el chat, cubriéndose la cabeza con una cacerola.

- ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHH MAMAAAAAÁ!!! - Gritó un fortachón de, al menos, 3 metros de altura con la cara arañada, arrojándose por la ventana.

¡Todos los cerdos salieron corriendo del bar de manera inmediata! Se arrojaban por las paredes y subían por la chimenea, corrían hacia la puerta de atrás y los más intrépidos intentaron huir por el drenaje. Los pupsies corrían tan desesperados como sus dueños; se ocultaron dentro de jarrones y en los muebles, bajo las alfombras y entre las tejas del techo, en los armarios y en lo “barriles de leche de chocolate dudosamente libre de impuestos”.

En cuestión de segundos, el bar estaba desierto y “La Bala Bizca” seguía en el dintel de la puerta con la expresión inmutable.

- Snif... – Se dijo la Bala Bizca retirándose.

“Pero si tan solo quería preguntar si alguien aquí podría enseñarme a tejer… Quería hacerme un gorrito de lana… Estas noches de forajido son frías…” Pensó triste el bandolero de reputación temible.

El forajido siguió su camino hacia el sur en la tranquila noche; allí se encontraba otro bar. Tal vez allí alguien querría enseñarle… Pero con esa (supuesta) reputación, es difícil que alguien quiera…

- Debo hacerme un mejor currículum… - Se decía mientras se aguantaba el frío.

Fin.

STORMER

La Bala Bizca camina por el descampado
Flecha izquierda
Flecha derecha
Meme de cartel de velocidad máxima
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