Érase una vez: Un cerdo supersoldado corriendo por el bosque...
¿Estás estancado en medio del intenso tráfico del mediodía? ¿Atrincherado en tu casa intentando llegar a fin de mes con tu sueldo? ¿Atacado en todos los flancos por las constantes quejas de tu insoportable vecino? ¿Tal vez te encuentras en medio del desierto sin comida o en los confines más fríos del círculo polar ártico o el antártico? ¿Estás siendo perseguido por cobradores de impuestos y no logras quitártelos de encima? ¿No logras frenar las deudas que juntaste para poder comprar esos pantalones cohete ultra-caros? ¿A quién podrías recurrir en tu necesidad de afrontar el día a día?
¡El supersoldado está a tus órdenes!
No importa que tan peligrosa, atrevida, repetitiva, desgastante, inusual, complicada, irracional, agotadora, simple, inevitable, extremadamente mal pagada, emocionante, brava, desquisiante, lenta o simplemente ridícula sea la tarea que se deba cumplir… ¡Él la llevará a cabo sin dudar! Con los más altos estándares de honor, gloria y reconocimiento… También agradece la oportunidad de poder ocupar su tanque de cañón láser favorito en el proceso de la operación… Le gusta sentir la briza desde su pequeña máquina propulsada a petróleo.
- ¡Si hay una misión que deba ser cumplida! ¡Allí estaré! - Dijo el supersoldado a los reporteros, mientras terminaba de ejecutar su lagartija N°453, su ejercicio favorito.
Pueden ir imaginando la actitud imparable de este sujeto…
Pero en esta ocasión no se encontraba en servicio. Era su horario de descanso, aquel en el que solía comer pizza o espagueti de deliciosa preparación.
Pero esta vez el aire olía distinto. Olía a… ¡Una trampa!
Sus pasos apenas se oían al atravesar en irrefrenable huida a través de la jungla de algodón de relleno sintético (muy recientemente inaugurada).
-¡NO ME ATRAPARAN, HOLGAZANES MERCENARIOS! ¡NO LO PERMITIRÉ! - Gritaba el supersoldado corriendo entre los suaves matorrales.
- ¡Allí está! - Respondieron a la lejanía los perseguidores, antes de perderlo de vista. Aproximadamente cinco cerdos con lentes negros, cuatro de los cuales cargaban una gruesa y ridículamente extensa manguera industrial.
El líder de aquella pandilla se detuvo y examinó las huellas en el algodón fresco. Un sujeto bizco, de mirada intensa, curtido en las artes de la vaguedad y el desinterés, un veterano de las guerras del sofá y asesino a sueldo de pelusas los viernes entre 17:45 y 18:23. Era el único que remotamente podría haver frente al imbatible supersoldado.
– Puedo olerlo… - Dijo tras fingir saborear la huella sintética. - ¡Síganlo! -
Le estaban alcanzando. El supersoldado no se iba a dejar atrapar tan fácilmente. No ahí. No así. El eterno superviviente se trepó con una rapidez insospechada a un árbol de algodón cercano y luego usó unos sonidos de mantarraya espacial para distraer a sus incautos perseguidores. Fue súper efectivo.
- ¿A dónde fue? - Preguntó uno de los que cargaban la manguera.
- ¿Eso es una mantarraya espacial? - Dudó el tercero.
- Nop. Estoy seguro que son sirenas de pelusas asadas… ¡Delicioso! - Se distrajo el tercero, pensando en lo que haría tras completar este mandato.
- Se suponía que lo teníamos en frente. - Razonó el jefe, deteniéndose a escuchar a su adversario.
- Tal vez sea un maestro en la “autotransformación en árbol para su propio camuflaje”. - Comentó el cerdo que estaba junto al líder mercenario. - Mi primo lo era… Y era muuuuy bueno… Hasta que lo talaron. -
Al ver que su estratagema había tenido éxito, el supersoldado se columpió por una liana de goma que colgaba cerca de donde se encontraba, asegurándose pasar rasante sobre las cabezas de aquellos cazarrecompensas.
- ¡Ahí nos vemos! ¡Ja, ja, ja! - Los saludó, antes de alejarse rápidamente del área. -
“Si continúo a esta velocidad, podré perderlos en poco tiempo”. Razonó el fugitivo, ganando una considerable distancia, antes de que sus perseguidores salieran del estupor dejado por el canto de mantarraya.
Pero sus conclusiones fueron demasiado apresuradas, pues el líder de los mercenarios, aquel que ningún programa de televisión de poco presupuesto había logrado vencer, aún tenía muchos trucos bajo la manga… O en la nariz… Y sabía como usarlos.
- ¡Está sobre nosotros! ¡En los árboles! - Dedujo con una inusitada brillantez aquel poco temible jefe. - ¡Rápido! ¡Mojen los arboles! -
- Pero jefecito… Técnicamente los árboles están “a un costado de nosotros” no arriba… Dé sus órdenes con precisión. - Le corrigió uno de sus esbirros, intentando que sus facciones fueran menos bizcas y más aterradoras de lo que realmente era, sin éxito alguno.
Sin más retraso, la orden se ejecutó con la disciplina y rapidez de una parvada de águilas adormiladas. Pronto la inmensa manguera escupió enormes chorros de agua con jabón a presión, que cubrían los arboles de espuma… Con otro tipo de espuma, especialmente diseñada para el aseo.
El supersoldado, sorprendido al principio por tal movimiento, esquivó todos los chorros de agua con la esperable agilidad a su natural profesión. Los cuatro cerdos que cargaban la manguera, por falta de ejercicio y a causa de la incontenible presión con que la esta trabajaba, terminaron sacudiendose al ritmo de los estertores de su arma o salieron volando por los aires, intentando domarla.
- ¡¡¡AHHHHHH!!! ¡¡¡Se siente como estar sobre una camioneta sin suspensión!!! ¡¡¡AAAAAAAAHHH!!! - Añadió uno de los mercenarios, siendo ignorado por la mayoría de sus compañeros.
El supersoldado aterrizó en una saliente rocosa. Elevado y alejado, se burló de sus persecutores, sacándose su viejo casco de batalla.
- ¡JA, JA, JA! ¡Nadie bañará al supersoldado hoy! ¡Mejor suerte a la próxima amigos! - Exclamó el supersoldado triunfante, antes de salir corriendo hacia la parte más profunda del bosque.
- Emm… Jefecito… Creo que se ha ido… Dejándonos hablando solos de manera bastante grosera... - Añadió uno de los “cerdo tropa genérica”, tras lograr apagar la manguera.
- Hum… Tal vez se nos haya escapado… Pero seamos pacientes… Tarde o temprano lo podremos bañar… Su olor a sudor de trabajo es prácticamente insoportable… Y rastreable a leguas de distancia. - Sentenció el líder mercenario, observando como el supersoldado desaparecía a la distancia.
- Tiene razón jefe… Es oloroso… - Dijo uno de sus subalternos temblando solo de recordar el hedor.
- No importa… Nadie escapa del baño para siempre… - Terminó el jefe ordenando continuar la búsqueda.
Fin.
STORMER