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Érase una vez: Un par de cerdos que competían por quién lanzaba un objeto más lejos

Cerdo en una catapulta

Los objetos arrojados eran de lo más variados: Barcos, casas, rodillos, autos (seminuevos y usados), pupsies con trajes de flor, sillas, pinos de bolos, edificios (¿por qué no?) y también artículos diversos de limpieza. No creo necesario hacer un recuento extensivo de la maravillosa miríada de objetos que pudieron haberse arrojado en tal competencia, ¡sería inútil! La imaginación se quedaría corta en pocos minutos…

La competencia era reñida, estrecha y estancada. No importaba cuantos objetos arrojados hubieran caído en la ciudad, ni la cantidad de destrozos que pudieran haber ocasionado; no parecía que hubiera un ganador a la vista.

- No creo que haya objeto que me pueda hacer ganar a mí. – Dijo un competidor, mientras decidía entre arrojar una cubeta de latas de atún o la silla del vecino.

- ¡Claro que no! – Declaró el otro con expresión bizca, fanfarroneando sobre una estatua de 30 metros arrojada por el mismo – ¡El que ganará soy yo! –

- Entonces, hagamos un experimento final – Le respondió el primero ligeramente enojado, pero con una mirada suspicaz e intrigante en su rostro. – Construiré una catapulta con los restos de todos los objetos que hemos arrojado… Y de la ciudad también… Te arrojaré con ella, y si logro hacer que caigas más lejos de lo que cualquiera de nuestros intentos anteriores, tú ganas; y si no lo logro, yo gano... -

- Suena justo – Aceptó su contrincante, tras meditarlo concienzudamente durante una milésima de segundo.

Una vez que la catapulta estuvo lista, y recibió el visto bueno de la “subsecretaría de certificados de usabilidad de catapultas regional” y la bendición del alcalde, el segundo competidor se trepó a la lanzadera, y con un animoso “¡3, 2, 1! ¡Fuego!” de la destruida población, la prueba final comenzó.

En tierra, el primer competidor reía a carcajadas.

- ¡Ja, ja, ja, ja! – Se revolcaba en su confianza - ¡La victoria será mía para llevármela a casa y comérmela con salsita! -

Sin embargo, con lo que el primer competidor no contaba, era que en pleno vuelo su contrincante comenzara a retorcerse, le salieran alas y se fuera volando…

Se dice que incluso en estos días se puede escuchar al “cerdo volante” clamando burlonamente su victoria, en un ininterrumpido vuelo jactancioso…

FIN

STORMER

Cerdo volante
Flecha izquierda
Flecha derecha
Meme de cartel de velocidad máxima
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